Una «herencia» muy perra. Un carballés denuncia a sus hermanos por abandonar a siete canes

El carballés Eduardo Ferreiro Mallo no quiere que maten a los siete perros, que sus hermanos le encargaron cuidar y de los que ahora nadie se hace responsable. Asegura que no tiene recursos suficientes para mantenerlos y se ha decidido a denunciar a sus parientes en el juzgado para que las autoridades tomen medidas y le saquen de encima una carga que, según dice, le está «afectando aos nervios».
Eduardo, tal como consta en su declaración, accedió a ocuparse de la finca familiar ubicada en la calle Molino de Carballo y de los animales, porque su hermano mayor iba a estar de viaje durante un mes para arreglar asuntos personales. Desde entonces, han pasado ya ocho y sigue sin tener noticias. «Nin sequera me contesta ao teléfono. Non quere saber nada do asunto», afirma.
En este tiempo, una de las perras ha tenido una nueva camada y aunque Eduardo logró darle salida a cuatro cachorros, regalándolos a distintos conocidos, le quedan tres más para los que no encuentra un hogar. Si la solución no aparece pronto, teme que los servicios de Medio Ambiente se los retiren y acaben sacrificados.
Para evitarlo, el pasado jueves se presentó en el Juzgado de Instrucción número 2 de Carballo para pedirle a su titular que adoptase las medidas oportunas, pero el juez -según dice el denunciante-, aunque lo atendió rápidamente, le dijo que aún no se podía hablar de maltrato y remitió el asunto a la Policía Local para recabar información.
La actuación de los agentes, sin embargo, no ha dejado conforme a Eduardo, quien considera que no se están implicando con la diligencia debida. «Dende o xoves, pese a que o informe do xuíz puña que era urxente, foron alí o luns e porque levei eu a un pouco menos que arrastro», incide el denunciante, que también se ha dirigido al Seprona para reclamar una mayor atención, aunque lo remitieron de nuevo a la policía de Carballo.
Aunque el problema para Eduardo ya viene de lejos y se complica cada día, porque incluso ha recibido quejas de los vecinos, dado que «os cans pasan as noites ladrando», hasta el momento salía adelante con la ayuda de su hermana, que le traía sacos de pienso, pero eso se ha terminado: «O último día que veu foi o venres pasado e deixoume unha nota dicíndome que non volvería», asegura apesarado.
Una comida en 11 días
Los animales, aunque tienen un aspecto relativamente saludable, según señala su obligado cuidador, «nos últimos 11 días comeron unha vez soa», por lo que su situación podría empeorar en breve. Sin embargo, a Eduardo le preocupa todavía más que su hermano «poida volver calquera día e matalos», porque, según dice, «non é a primeira vez» y aunque quiere tener los perros «nunca os cuidou debidamente».
El denunciado, por su parte, no respondió a las llamadas telefónicas realizadas para dar su versión de lo sucedido.
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